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Autonomía de Cataluña

Hoy escuchaba en la televisión (si, hacen otras cosas a parte de Splash y Gran Hermano) que Sartre defendía el concepto de libertad absoluta e irrenunciable de la condición humana. Decía que estamos condenados a ser libres, que estamos condenados a la libertad incluso cuando renunciamos a ella.

La libertad y el libre albedrío han dado mucho que hablar pero nunca hasta ahora había visto la relación con la cuestión del derecho a decidir del pueblo catalán si quiere ser parte de España o un Estado independiente.

Para mi está claro hace mucho tiempo que el meollo de la cuestión está en quién ostenta la soberanía. ¿Es soberano es pueblo catalán o lo es el pueblo español en su conjunto?

Hasta ayer era partidario al derecho a decidir como catalán pero sin grandes fundamentos racionales. Me basaba en simplificaciones del problema: Si en un matrimonio una de las partes quiere separarse y disolverlo la ley se lo permite siendo cada uno de los cónyugues “soberano”.

Por otro lado si la metáfora la realizaba con una sociedad limitada, el resultado era precisamente el contrario: Una vez cada uno de los socios aporta activos a la empresa y se constituye como tal, uno de ellos no puede unilateralmente secesionar los activos aportados y dejar pertenecer a la sociedad sino que es mayoría de los accionistas los que deciden el devenir de todos sus activos.

 

La afirmación de Sartre aporta un poco de luz a la cuestión que se plantea cada día en el debate político: El pueblo catalán y cada uno de nosotros es última e irrevocablemente libre y soberano. Incluso cuando renunciamos a nuestra libertad. Porque los matrimonios, las sociedades limitadas, los contratos o los papelitos que llevamos en el bolsillo y llamamos dinero tienen sólo el valor que les queremos atribuir.

 

Creo que como en toda discusión dialéctica con una algo de honestidad intelectual y amor a la verdad, hay que escuchar los argumentos del que piensa diferente y estar abierto a la posibilidad, aunque sea remota, de estar equivocado y dejarse convencer.

Para mi el meollo de la cuestión es a qué atribuimos valor todos los españoles y a qué porción de libertad queremos renunciar precisamente en el ejercicio de esta. Desgraciadamente, el debate político, al menos el que trasciende a los medios está navegando por aguas muy distintas.

Personalmente mientras nadie me convenza de lo contrario, la soberanía del pueblo catalán como la mía propia es indiscutible e irrenunciable más allá de que en el pasado, ahora o en el futuro podamos renunciar o no a ella en un acto de libertad.

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