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dommon

Shanghai

Shanghai es para turistas avanzados de cuchillo en los dientes. De los 13 millones de habitantes de esta ciudad, casi la mitad quieren venderme un reloj, un paraguas o hacerme una paja (suelen venir y ofrecer ladies; como ha decaído la palabra!)

Hoy he conseguido que la mitad honrada me ayudara a coger el metro y encontrar la perla de oriente al otro lado del río sin hablar una palabra de chino. He comido en una especie de feria de la cerveza pero en chino. Era el único occidental y me miraba todo el mundo y se reían. Les he pedido tofu y me lo han dado riendo como si les hubiera pedido algo rarísimo. Luego me lo he comido en una mesa común con un montón de chinos. Los dos de enfrente comían caracoles, fideos y tofu haciendo uso y abuso de manos y palillos variados.

He verificado de cerca que no sólo esputan constantemente en cualquier ocasión y circunstancia sino que además comen con la boca abierta y sorben sopas y fideos sin escatimar sonoridad alguna. No hay platos sino cartoncitos que rebosan comida. Lo que cae a la mesa de madera (que por el color ha visto tiempos mejores y ya lejanos) se vuelve a meter al cartoncito y santas pascuas. Las servilletas te las traes de casa.

No me extraña que me miren y se rían porque a ellos les debo parecer igual de alienígenas que ellos a mi sólo que además yo estoy fuera de lugar aquí.

 

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